Carnaval 2017

Las ganas no se compran

Seré Curioso con "Pitufo" Lombardo: "Te preguntan '¿en qué trabajás?' Hace 30 años que hago música"

Tuvo ganas, después de una década, de volver al carnaval. No le convence el reloj arriba del escenario y hace cinco años no se emociona con una murga. Por César Bianchi.
14.02.2017

Edú para los amigos, Eduardo para sus padres, "Pitufo" para casi todos los demás, llega caminando y tras la entrevista pide si lo podemos arrimar unas cuadras, que llega tarde para salir una noche más con Don Timoteo. Es que él no maneja, le tiene fobia a manejar un auto, por eso nunca aprendió. Uno de los principales músicos de este país, voz y estilos emblemáticos de nuestra identidad, anda por la calle de remera, bermudas y chinelas de dedo como el uruguayo promedio. Nada más alegórico sobre cómo somos: el prestigioso y reconocido artista con cientos de discos encima -cientos, en serio- y ahora un libro biográfico es, en definitiva, un laburante. Y, precisamente por serlo, puede vivir de su arte.

Tras una década sin participar del carnaval, para este febrero se dejó tentar por el "Chino" Recoba, sobre todo para volver a trabajar con amigos que quiere y admira. Hizo a un lado su saturación por el costado más ruin del carnaval (la competencia) y volvió a pintarse la cara. Además acaba de editar un disco nuevo, de género "canciones", que lo tiene muy contento, y no pierde las esperanzas de volver a emocionarse con una murga, como lo hizo hace un lustro viendo una agrupación de niños y adolescentes. En definitiva, él, que tanto sabe de carnaval, no se deja engatusar con fuegos artificiales: sabe que el alma no se negocia.

Por César Bianchi
@Chechobianchi 

 

-Hacía 10 años que no participabas del carnaval. ¿Por qué te aislaste tanto tiempo? ¿No necesitabas estar en carnaval?
-Hay varias cosas para argumentar por qué no. En 2007 saqué mi primer disco y empecé a hacer mi carrera solista, formé una banda y me dediqué a tocar bastante y viajar. Tenía ganas de seguir por ese lugar, ya que había hecho mucho carnaval. Y también, porque no había tenido vacaciones durante 20 años. Y me parecía que era egoísta con la familia. Por otro lado, me había saturado un poco del ambiente, y a veces se precisa tomar distancia para tener una mirada más clara.

-¿Qué te había saturado del carnaval? ¿Mucha bohemia?
-No tanto la bohemia, yo era más bohemio cuando era joven y tenía veintipocos años. Ahora me dedico a la música, tengo mi familia y mis tareas. Me refería a que la competencia no es un ámbito muy sano para la cabeza, y cuando uno está en carnaval está sumergido en la competencia. Y a veces uno pierde objetividad.

-Seguro en esta última década te intentaron llevar varias veces, me animaría a decir que todos los años... ¿Ninguna te tentó?
-En realidad la tentación más fuerte para salir no es el dinero. Yo en todos estos años podía haber hecho mucho dinero; sin embargo, opté por otra cosa. No significa que no quiera ganar dinero, me parece que está bien ser remunerado por lo que uno hace. Pero, en realidad, el primer fin es un espectáculo, y ahí no es sólo el dinero, hay que tener creatividad y un buen equipo. Pero lo más necesario es tener las ganas.

"Aunque yo no saliera, la dupla Marcel y Pinocho (Routin) me parece re interesante para ver arriba del escenario por lo que hacen ellos artísticamente. Para mí era un sueño volver a laburar con ellos"

-Precisamente, ¿por qué volver ahora, con Don Timoteo?
- Yo ahora volví a tener las mismas ganas que cuando era niño o cuando salí por primera vez en carnaval. Don Timoteo ya me había planteado antes para salir, pero yo sentía que no era el momento, estaba ocupado con otras cosas. Ahora sí sentí que era el momento, porque además se reunían varias condiciones. En primer lugar, tenía un equipo base interesante con una generación más joven con mucho talento y que son buena gente. Por otro lado, me dio la oportunidad de salir nuevamente con Marcel Keoroglian, a quien admiro artísticamente y además somos amigos; con "Pinocho" Routin, que hace 28 años no salíamos juntos; con Ronald Arismendi, otro músico increíble y amigo de muchos años también. Con él compartí Falta y Resto, la banda de Jaime Roos en los 80. Y, por otro lado, quienes están en la conducción de la murga trabajan muy en serio, para sacar un buen espectáculo. Rafa Perrone tiene experiencia en manejo de grupos, por su trabajo en Danubio, y eso se nota.

-Armaron un dream team murguero...
-Se podría llamar de esa forma... Tener gente que trabaja bien en cada área es importante, tener un buen equipo es lo más importante, pero el 50% es la calidad humana, el poder convivir y tener empatía para lograr un buen espectáculo. Eso hace al cuidado del grupo también.

-Vos en los arreglos, "Pinocho" Routin en la actuación y Ronald Arismendi en la batería hace 30 años que no se juntaban en una murga. Fueron los pilares de Falta y Resto a fines de los 80.  ¿Fue ésta la última gran jugada del "Chino" Recoba?
-Ronald ya estaba dentro del grupo, ya venía tocando. Se habló con Marcel por un lado, surgió la idea de integrar a "Pinocho", y para mí era un sueño volver a laburar con ellos dos, con los tres, sumando a Ronald, ni que hablar. Aunque yo no saliera, la dupla Marcel y "Pinocho" me parece re interesante para ver arriba del escenario, por lo que hacen ellos artísticamente. Se fue dando todo bastante natural, se decantó todo, y esas cosas no suceden siempre.

-Uno de los cuplés de Don Timoteo es un homenaje a la madre y se llama "Mamá, yo quiero mamá". Tus padres te hicieron incursionar en carnaval desde muy chico. ¿Cómo recordás a tus padres?
-Mis padres me dieron la libertad de hacer lo que me gusta. Siempre lo voy a tener presente. A mí siempre me gustó la música y ellos siempre me pagaron los estudios. El vínculo con el carnaval viene a través de ellos, porque iban al carnaval y me llevaban. Mi madre no es cantante profesional, pero siempre le gustó la música y cantaba. Y siempre me dio la libertad de hacer lo que yo quisiera hacer. Mi padre era un fanático de las murgas, aunque nunca salió en una. Tengo recuerdo patente de ir con ellos a un tablado que se llamaba El Payaso en La Paz y Justicia.

-Fuiste un carnavalero precoz. Desde chico ya saliste en una murga de niños en Sayago...
-¡Yo siempre soñé con subirme a un escenario! Desde muy niño, y siempre me lo tomé muy en serio. Yo viví en La Comercial, un barrio muy carnavalero, hasta los 9 años. Después me mudé a Sayago, un barrio cooperativo, en un contexto político, social y cultural muy diferente. Había dictadura, era a fines de los 70. Y el movimiento cooperativo era muy fuerte. Desde el espacio hasta el vínculo con otros niños y niñas fue muy diferente, antes de El Firulete (que después fue Contrafarsa), habíamos armado una murga con otros tres compañeros, y se dio la formación de grupos a través de gurises que venían de la ACJ a hacer diferentes actividades a la cooperativa. Nosotros planteamos hacer una murga, se armó una murga de niños y después pasó a ser Contrafarsa, porque se tuvo que cambiar el nombre. Ese barrio tuvo mucho que ver, y tuvo mucho que ver gente de la música popular uruguaya: te hablo de Fernando Cabrera, Los que iban cantando, el propio Jaime, Jorge Lazaroff, Ruben Olivera, Gonzalo Moreira, todos esos pasaron por El Firulete. Tuvimos la suerte de tener 11 y 12 años y tener vínculo con toda esa gente, y cada uno fue desarrollando su música. Se dio una conexión a través de la enseñanza de ellos y de compartir escenario. Fue una época fermental. Eso nos abrió muchas puertas.

-Quiero conocer más tu trabajo. ¿En qué se fija un arreglador coral cuando cantan los murguistas?
-Creo que en todo. La disciplina es una parte importante para el trabajo, la escucha es otra, la comprensión para poder después ejecutar bien. Y toda la parte técnica: afinación, actitud, interpretación. El cantar es una de las cosas más difíciles de la interpretación: cantar bien te lleva toda la vida. Y cómo cada uno se lleva con el resto: esto es un trabajo coral colectivo. Si bien hay gente que tiene cualidades solistas, el sonido general es un trabajo colectivo. Hay que adaptarse a eso. Hay que estar pendiente de que no haya distracciones...

-¿Los rezongás después?
-No, nunca. Trabajo muy duro, soy exigente, pero siempre con muy buen trato. Es la manera de trabajar mejor, desde el enojo no solucionamos nada.

"Cantar es una de las cosas más difíciles de la interpretación: cantar bien te lleva toda la vida. Y cómo cada uno se lleva con el resto; esto es un trabajo coral colectivo"

-Pero si hay un componente que es poco profesional, no es disciplinado y no se cuidó la voz, ¿qué hacés?
-Ahí hay que hablar con él, pero hablar de la mejor manera posible. Creo que, a esta altura del partido, cuando uno trabaja en equipo ya sabe con quién cuenta. Igual hay muchas cosas que se borronean en el trayecto del carnaval, por el cansancio y el agotamiento, así que hay que estar siempre encima.

-¿Se nace con voz para murguista o se puede adquirir con trabajo?
-Hay cosas que se adquieren y otras que vienen por naturaleza. El instrumento de la voz viene con nosotros, no se puede modificar. Sí puedo tener herramientas o ir a algún lugar a tener algunas cosas que no tengo, pero la voz viene con nosotros, es única.

-Para este espacio, Yamandú Cardozo me dijo que se dice "murguista" cuando se cree que esa persona es un artista y "murguero" cuando se cree que es un obrero. ¿Murguista o murguero?
-No comparto mucho esa tesis... Para mí es murguista. El murguista es murguista.

-Has dicho que no te parece bien que haya un reloj midiendo el tiempo en el concurso oficial del Teatro de Verano. ¿Es por aquello de "el arte es arte" y no hay que encorsetarlo?
-Está bien eso que decís... Lo que pasa es que un espectáculo puede tener una medida determinada y ser un gran espectáculo y quizás se pase o mida un poco menos. Es ridículo ver a una murga que está muy bien y que le quiten puntos porque se pasó un poquito del tiempo estipulado, a veces 10 segundos. Es cruel. Nadie lo hace adrede. Creo que es algo que se puede solucionar.

"Es ridículo ver a una murga que está muy bien y que le quiten puntos porque se pasó un poquito del tiempo estipulado, a veces 10 segundos. Es cruel. Nadie lo hace adrede"

-¿Pero si no, cómo se compite con reglas iguales para todos?
-Lo entiendo. Sé que no hay derecho al pataleo porque las reglas son así para todos. Pero sería una cosa linda (ser flexibles) cuando se pasa por muy poco... No tendría que haber un reloj midiendo el tiempo, una regla numérica, me parece que no. 

-El carnaval en el Teatro de Verano obviamente se ha profesionalizado, incluso tiene nivel de espectáculo de importación. ¿Pero qué tal en los tablados, en el show para la barriada popular?
-En los grupos en lo que he estado se hace un espectáculo para el carnaval, para que pueda disfrutar la familia en todos los barrios de Montevideo, en todas las capas sociales y edades, tanto en la periferia de Montevideo como cerca de la rambla. Se piensa en el concurso, pero el espectáculo no está pensado para el concurso. Ganar es un accidente. De repente en los tablados gustó mucho y no ganaste. Depende del gusto de quienes están en el juzgado. Claro que en el Teatro de Verano hay otro marco, por luces, por sonido, por el escenario.

-¿Qué incorporó la Murga Joven al concurso?
-La mirada. Yo la tuve a los 23 años con Contrafarsa. Es más que nada eso. Si tenés un grupo de gente que ronda entre los 40 y los 50 años tendrás miradas de gente de esa edad, en la política, en lo social, lo cultural, y con determinadas influencias. Un gurí de 20 años no vio los carnavales que vi yo. Pero no me adhiero a aquello de "carnavales eran los de antes".

-¿En qué ganan los de ahora: mejores vestuarios, mejor puesta en escena?
-Lo que pasa es que los fuegos artificiales a mí no me convencen. Que una murga esté bien vestida está bueno, pero lo importante es el espectáculo. Cuando vas a ver un espectáculo internacional vos pagás una entrada y exigís un buen espectáculo. Está genial que estén bien vestidos, haya buena iluminación y suene bien, pero si pierde el alma, ahí ya no... Eso no se puede perder. A mí me gusta ir a ver carnaval y erizarme con una murga.

-¿Cuándo fue la última vez que te erizaste con una murga?
-La última vez fue con La Zafada, una murga de niños en El Carnaval de las Promesas, hace como cuatro o cinco años. Después, cuando veo una murga puedo reírme o digo "qué ingeniosos", pero me cuesta emocionarme. Me emocionaron esos niños y adolescentes.

-Acabás de sacar Músicos ambulantes, un disco nuevo, justito cuando volvés a salir en carnaval. ¿Qué se va a encontrar el que compre tu disco?
-Es un disco de dos años de elaboración, debido a muchas cosas... El año pasado tuve una lesión y me rompí el tendón rotuliano y estuve parado unos meses. Me hice el futbolista en Chile. Músicos ambulantes está grabado en parte acá y en parte en Cádiz, España, y otras en Catoira, al norte. Tiene muchos artistas invitados, colegas y amigos, como Hugo Fattoruso, Fernando Cabrera, Ruben Rada, Emiliano Brancciari, y una banda base que es con la que tengo hace muchos: Martín y Nicolás Ibarburu, Gustavo Montemurro, Gerardo Alonso en el bajo y Pablo Leites en la percusión. Es un disco de canciones. No van a encontrar mucha murga en este disco. Estoy súper contento con él. 

"Soy músico, hace 30 años que hago música, me dedico a esto. Y la música es trabajo, no es joda, no es bohemia. Te dicen que Mateo era bohemio; pues no: Mateo trabajaba"

-¿Te molesta la piratería, que vendan tu disco grabado en la feria vecinal?
-No me gusta, me parece que no está bien... Es el trabajo de un autor. 

-Guillermo Peluffo me decía que en Uruguay pareciera que la industria cultural no fuera una industria, porque no tiene chimeneas.
-Comparto. Es como si los músicos o los artistas no tuviéramos cédula de identidad, como si no fuera un trabajo. Te preguntan: "¿en qué trabajás?". ¿Cómo en qué trabajo? Soy músico, hace 30 años que hago música, me dedico a esto. Y la música es trabajo, no es joda, no es bohemia. Te dicen que Mateo era bohemio; pues no: Mateo trabajaba. Yo lo vi trabajar mucho a Mateo. Hay bohemia, talento o inspiración, pero también hay trabajo. A veces trabajamos más de ocho horas, trabajamos 10 o 12.

-¿Vivís del arte? ¿Te da para bancar las deudas de una casa, una familia con hijos, con la música?
-Desde hace pocos años sí, pero hago de todo, tengo varios kioscos. Toco como percusionista de varios artistas, soy docente, doy clases de música...

-¿Por qué crees que el colega Fabián Cardozo quiso escribir tu biografía, cuando recién tenés 50 años
-Supongo que le pareció interesante mi trayectoria. En unos cuántos años tuve la suerte de integrar diferentes bandas y tocar con diferentes músicos, tuve la suerte de grabar más de 150 discos como instrumentista, como arreglador algunas veces y formando parte de algunas bandas. He tocado con casi todos los músicos uruguayos.

-¿Sos feliz?
-Soy muy feliz, vivo de lo que me gusta, soy un privilegiado, tengo dos hijos maravillosos y una compañera que siempre ha apoyado lo que yo hago. Y soy un agradecido, porque también mi trabajo es reconocido.

Montevideo Portal | César Bianchi
Fotos: Juan Manuel López