Cultura

Cada vez duele mejor

“Creer que estoy vivo y que es ella la que ha muerto”: el conmovedor homenaje de Savater

El filósofo español enviudó hace dos años, pero su pena está igual o más viva que en ese momento.
20.03.2017 09:38
2017-03-20T09:38:00

Perder a la persona amada, con la que se ha compartido toda una vida, es un golpe muy duro para cualquier persona, y Fernando Savater no es la excepción.

Su esposa, Sara Torres, falleció hace dos años. Ese triste acontecimiento sacudió desde los cimientos hasta la cúspide la vida del filósofo y autor, al punto de impedirle escribir durante largo tiempo.

El año pasado, poco después del primer aniversario de la muerte de su esposa, Savater no pudo contener las lágrimas durante una entrevista con la periodista Raquel Garzón, del Periódico porteño Clarín, donde no ocultó en absoluto el carácter perenne de su dolor.

Ahora, cuando se cumplen dos años de su viudez, Savater abordó el tema en una columna en el periódico matritense El País, que reproducimos a continuación.

"De Emanuel Swedenborg, al que Kant llamó "visionario", cuenta Borges que "hablaba con los ángeles por las calles de Londres". Aunque fue un científico notable (hizo los planos de un avión y un submarino, descubrió el funcionamiento de las glándulas endocrinas, lanzó la hipótesis de la formación nebulosa del Sistema Solar, etcétera...), su verdadera especialidad fue el Mas Allá, la posvida en el Cielo y el Infierno. Explicó que al comienzo los condenados no son conscientes de su muerte y creen que continúan en su esfera cotidiana: les rodean los muebles y utensilios familiares, los paisajes conocidos. Poco a poco, van produciéndose desapariciones -la butaca favorita, el piano, una ventana, las flores del jardín...- y luego surgen en lugar de lo desvanecido formas equivocadas o amenazadoras. Por fin se dan cuenta de que no están en casa sino en el Infierno y empieza su eterna condena.

Creo poder confirmar esta tesis de Swedenborg. Hace tiempo que las cosas de mi mundo se van difuminando, pierden sustancia. Los libros siguen presentes y tentadores, pero al abrirlos algo ha drenado su savia hasta dejarlos huecos, exánimes. Las películas nuevas son peores que las antiguas, las antiguas peores de lo que las recordaba: sentado ante el televisor con desasosiego ya no siento la expectativa feliz porque ahora nadie apoya sus pies en mi regazo. Se fue el disfrute... Y los sitios que recorrimos juntos están hoy cubiertos de sudarios, como esas sábanas que tapan las formas incómodas de los muebles en una casa abandonada. Los platos más sabrosos, crujientes, aromáticos... comienzan a deleitarme la boca pero luego adquieren insipidez y amargura de ceniza. Llega el infierno y se revela mi condena, la más atroz: creer que estoy vivo y que es ella la que ha muerto. Hoy hace ya dos años".

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