Curiosidades

Paseo entre las tumbas

Durante 70 años un desconocido dejó obsequios en la tumba de su hermano. Ella develó el misterio, pero no del todo

Karl Smith se ahogó en 1947 en una playa galesa. Tenía 12 años. Desde entonces, poemas y flores aparecieron misteriosamente sobre su sepulcro.
14.11.2017 12:05
2017-11-14T12:05:00

Un misterio ha intrigado durante décadas a los habitantes de la pequeña localidad de Prestbury, en el sur del Reino Unido. Tras la muerte del boy scout Karl Smith en 1947, obsequios y mensajes misteriosos comenzaron a aparecer sobre su tumba. Y a pesar de los esfuerzos de su hermana, Ann Kear, la identidad de la persona que visitaba el túmulo seguía siendo un enigma.

Recientemente, la periodista Camila Ruz, de la cadena BBC, colaboró con Ann en la búsqueda del extraño que ha venido visitando la tumba de su hermano durante 70 años. El resultado de esta colaboración es un documental titulado The Stranger at my Brother's Grave (El extraño en la tumba de mi hermano), y narra el modo en que ambas mujeres lograron resolver el misterio. O casi.

Según publica el mencionado medio británico, los hechos ocurrieron de la siguiente manera.

Agosto de 1947, campamento de boy scouts en la playa de Oxwich VayKarl, Gales.

El adulto que lideraba el grupo se alejó para comprar comida, y algunos chicos decidieron meterse en el mar. Uno de ellos es Karl Smith, de 12 años, quien,a diferencia de sus compañeros, no salió del agua.

"Mi madre me contó que cuando él murió, una lágrima corrió por mi mejilla, y yo le dije: no importa lo que ocurra, mamá, lo veremos de nuevo algún día", recuerda Ann en el documental.

Desde que el niño fue sepultado, flores, poemas y regalos comenzaron a aparecer en su tumba.

"Cuando vengo siempre me pregunto con qué me voy a encontrar, y si alguien pasa y me saluda ya pienso ‘¿Eres, tú, eres tú?', cuenta a la BBC desde el propio cementerio.

"Estas tres hortensias y la rosa, juro que no estaban aquí el domingo. O sea: alguien estuvo aquí desde que yo coloque mis flores para Karl el domingo", relata.

En otras ocasiones, la mujer se ha encontrado con una espiga de maíz, una pluma de faisán o mensajes con el nombre de su hermano.

Según recuerda, su madre le decía que Karl era un niño muy querido por todos, porque "siempre tenía tiempo para hablar con los ancianos".

Sin embargo, no logra recordar demasiados momentos vividos junto a su hermano, ya que tenía sólo 7 años cuando él murió.

"Era mi hermano, así que me gustaría saber (quien está visitando su tumba). Si esa persona ocupa su tiempo en pensar en obsequios para él, debe ser porque Karl le agradaba mucho. Esa persona podría decirme más sobre mi hermano. Sería increíble descubrir eso".

Revelando el misterio

Ann asegura que, durante todos estos años, lo intentó todo para descubrir la identidad del desconocido. "Dejé un mensaje (en la tumba) para esa persona, preguntando si podía hablar con ella. También dejé un recado en la iglesia por si alguien se manifestaba, y nada", recuerda.

Antes de entrar en contacto con la BBC, ella ya había escrito artículos, concurrido a reuniones de boy scouts y divulgado la historia en varias radios locales y medios de prensa británicos.

Después de la muerte del niño, su madre había recibido cerca de un centenar de cartas de vecinos. Todos hablaban de la tragedia, incluso sin conocer a Karl, y Ann no fue la única en sentirse intrigada por los misteriosos regalos en el cementerio.

"Analizando los poemas, supongo que debe ser alguien que lee mucha literatura inglesa", especuló una mujer del pueblo durante las pesquisas realizadas por Ann. Un vecino sugirió que podía ser alguien que formaba parte del grupo de scouts, del coro o del colegio.

La búsqueda

Durante sus indagaciones, Ann visitó los archivos del condado de Gloucestershire, a cuya jurisdicción pertenece el pueblo de Prestbury. Allí encontró fotos de su hermano que jamás había visto. También se topó con una lista de los niños que estaban con Karl el día de su muerte. Sin embargo, entre ellos no había ninguno que hubiese visitado su tumba. De hecho, ni siquiera sabían dónde estaba enterrado.

Por su parte, Camila Ruz llevó algunos de los poemas encontrados en la tumba a Stephen Regan, un catedrático de la Universidad de Durham, especializado en poesía relacionada con la muerte y el luto. Regan le informó que uno de los poemas era obra de Robert Stephen Hawker, un autor del siglo XIX que había estudiado en la escuela Chentelham, la misma a la que décadas más tarde concurriría Karl.

Con ese dato, Ann y Camila apuntaron hacia la posibilidad de que el visitante misterioso fuera un compañero de estudios, pero esa pista tampoco las llevó a ninguna parte.

Nuevo indicio

Un día, Camila decidió revisar la lista de personas que habían ido al entierro del niño. Allí dio con un hombre que había estado con Karl en el momento de su muerte, y que había sido testigo durante la investigación policial.

Una vez localizado, admitió "visitar la tumba con bastante frecuencia", y que lo había estado haciendo desde siempre.

La periodista le preguntó si le gustaría conocer a la hermana del difunto, y su respuesta fue afirmativa. Ann lo recibió al día siguiente: se trataba de Ronald Westborough, de 84 años. El anciano no tenía idea de que lo habían buscado durante años, ni de que Karl tenía una hermana.

Según Ronald, él y Karl se habían conocido en el grupo scout. Recordó cómo en el día de la tragedia, todos los chicos habían salido del agua menos Karl. Él fue uno de los que zambulleron de nuevo en su busca, y quien finalmente dio con su cuerpo flotando boca abajo. Luego, con la ayuda de otro compañero, lo llevaron hasta la orilla.

"Cosas así se quedan para siempre dentro de tu cabeza. Es horrible", afirmó Ronald durante su conversación con Ann.

Ronald consideraba a Karl como su amigo más cercano, y ambos habían dormido en la misma carpa la noche antes de su muerte.

Durante la conversación, contó a Ann que a veces iba hasta el cementerio y simplemente colocaba la mano sobre la lápida. "Hablo con él y le pregunto ‘Hola Karl, ¿cómo estás? Un día subiré y te encontraré allá arriba".

"Me sentí muy conmovida con eso" admite Ann ante Ronald. "Es muy bueno saber que existe alguien aquí con quien todavía puedo hablar sobre eso. Es un inmenso placer conocerlo".

Sin embargo, el misterio no fue develado por completo. Ronald dijo que acostumbraba llevar flores a la tumba de su amigo, pero no tenía la menor idea acerca de los poemas.

Entonces ¿Quién los ha estado dejando sobre la tumba durante 70 años?

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