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Brasil: licenciado en Derecho con parálisis cerebral vende agua en la playa para costear sus estudios de abogacía

Leo se hizo conocido luego de protagonizar un video viral. Creó su “marca de agua” y procura salir de la pobreza y graduarse.
02.03.2018 21:09
2018-03-02T21:09:00

Debajo de una sombrilla en una entrada de la playa carioca de Copacabana, Leonardo Mello vocea su agua helada. Su dificultad para hablar hace que el esfuerzo no pase inadvertido para quienes circulan por el lugar.

Leo, como todos lo llaman, lleva un año y medio trabajando como vendedor callejero, algo que hace para subsistir y para mantener vivo su sueño. Licenciado en Derecho, él quiere hacer el curso preparatorio para el examen de la Orden de Abogados de Brasil (OAB).

A los 47 años, Leo tiene su puesto en la rambla, a pocos pasos del monoambiente en el que vive con su madre y la perra Pandora, que adoptó hace cuatro meses. El diminuto apartamento sirve también como depósito. Dos carritos con espuma plast ocupan el estrecho corredor de la entrada. Los libros de Derecho, aguardan de momento encajonados, y las estanterías fueron ocupadas por botellas y latas de agua, refrescos, cerveza y otras mercaderías que leo vende en la playa.

"Por falta de recursos, no tengo cómo estudiar. Pero sigo buscando el modo, no me rendí", explica en declaraciones a la cadena BBC. Nacido en Anápolis, Goiania, Leo comenzó a cursar en la universidad en Río de Janeiro en el año 2005.

Recientemente, su madre volvió a vivir con él y lo ayuda a encargarse del puesto de la playa. Ruth Valderez sabía que su hijo podría tener problemas de desarrollo, incluso antes del nacimiento. Cuando estaba embarazada de cinco meses, recibió un disparo de su marido, un hombre que experimentaba violentas crisis de celos cuando bebía. La bala le atravesó el pulmón. En aquel entonces Ruth tenía 24 años y era ya madre de dos niños.

Tras el incidente y sus probables consecuencias sobre el feto, los médicos le propusieron abortar. "Yo no acepté, porque entendí que estaba preparada para el hijo que viniese. Él tiene salud y también sus limitaciones. Fuimos conviviendo y creciendo con eso, el fue superando sus límites y hoy es una persona capaz de vivir sola y mantenerse", relata.

El padre de Leo pasó un año en prisión, y jamás mostró interés por conocer a su hijo. Ruth crió a los tres niños sola, con la ayuda de su familia.

Joven rebeldía

Diagnosticado con parálisis cerebral, Leo presentó secuelas de coordinación motriz que causaban movimientos involuntarios y dificultades para desplazarse y hablar. También sufrió una grave pérdida auditiva en ambos oídos. Estudió en una escuela para niños con necesidades especiales hasta que los médicos certificaron que su capacidad mental no había sido afectada. Leo se alfabetizó a los diez años.

"La parálisis cerebral me produjo al comienzo una rebeldía, una revuelta. Veía a los niños jugando a la mancha y a la escondida y no podía jugar, quedaba excluido", recuerda. "Cuando crecí, comencé a notar las miradas, sufrí mucho bullying en la escuela, mucha discriminación y muchos preconceptos. En la adolescencia quería tener una novia, pero no lo lograba ", narra.

Leo completó su educación básica y media con muchas dificultades, por causa de su falta de agilidad para tomar apuntes y por sus problemas para escuchar lo que se decía en el aula. "A veces el profesor no tenía mucha paciencia, pero yo siempre repasaba todo cuando llegaba a casa. Era muy dedicado y quería aprender, ser una persona libre, independiente. La voluntad me ayudó mucho en el camino", rememora.

Orgulloso, cuenta que en 1991 se escapó de casa para ir a Rock In Rio. Por aquella época asistió a muchos shows acompañando a su hermano, que organizaba espectáculos. Apasionado por montar a caballo, Leo dio exámen de ingreso en veterinaria y no aprobó, por lo que se decidió una segunda opción: Turismo.

"Con el correr del curso, fui notando que era un área que discriminaba mucho a los discapacitados, porque trabaja mucho en base a la apariencia. Me sentí frustrado y me vino un bajón, pero reaccioné. Me mudé a Sao Paulo y empecé a estudiar Derecho.

Frustración y sueño

Con su madre recién jubilada, los gastos de una universidad privada se volvieron insostenibles. Tras un año de estudio en Sao Paulo, Leo consiguió una beca de 70% en al UniverCidade de Río de Janeiro, una institución que cerró sus puertas en 2014. Con derecho a pasaje interestatal gratuito por su discapacidad, Leo hacía tres veces semana los más de 400 kilómetros que separan las dos granes ciudades brasileñas. "Salía de Sao Paulo a la medianoche y llegaba a Rio en la mañana. Iba a la facultad, me quedaba allí hasta la noche y luego regresaba a Sao Paulo. Hice eso durante un año", relata.


"Empecé a tener un bajo rendimiento académico, muchos dolores de columna por causa de las butacas de los ómnibus. Como no tenía dinero para comer, traía de Sao Paulo un pan con queso que mi madre preparaba en la mañana y era mi comida para todo el día. Pero la dificultad me enseñó muchas cosas, me enseñó, incluso cuando las cosas son difíciles, uno puede lograrlas. Eso me motivó todavía más a vivir y perseguir mi objetivo".

Leo siguió a ese ritmo hasta que sufrió un accidente al bajar por las escalinatas de la universidad. Se fracturó la tibia, pasó por cirugía y debió dejar el curso mientras se recuperaba en casa de su familia en Goias. En ese periodo tomó la decisión de mudarse a Rio de Janeiro. Alquiló un monoambiente en el edificio en el que vive hoy, donde residió en soledad durante diez años.

Finalmente obtuvo su licenciatura en 2011, y lego de ello trabajó cuatro años en el área jurídica de una empresa de telecomunicaciones. Perdió su empleo cuando la compañía realizó un despido masivo, y lleva más de dos años sin trabajo formal.

"Hay una discriminación velada. Existen leyes que obligan a las empresas a contratar personas discapacitadas. Y las contratan, pero no se molestan en conocer la capacidad de esa gente. Las ponen por ahí y listo, cumplieron con la ley. Hay mucho que discutir todavía acerca de del respeto al individuo que tiene limitaciones, pero también capacidad para desempeñarse en una serie de actividades", se queja su madre.


Triunfo sobre la depresión

Frustrado por no lograr continuar sus estudios ni trabajar en el área en la que se formó, Leo cayó en un pozo depresivo. Al verlo aislado y triste, su hermana le sugirió que fuera a vender caramelos a la calle para obtener alguna ganancia.

"Me quedé pensando y me dije ‘qué vergüenza, ¿un licenciado en Derecho saliendo por ahí a vender caramelos? qué decadencia', y comencé a sufrir más todavía, porque cuando te formas quieres estatus, quieres mejorar. Y cuando ves que toda aquella batalla que diste fue como nadar y nadar para no salir del mismo punto, te entristeces", explica.

A pesar de todo, un día decidió salir a la calle. Usó los 40 reales que su madre le había regalado en navidad para comprar una conservadora de espuma plast donde cabían diez botellitas de agua. Comenzó a vender en un semáforo, pero la necesidad de moverse rápido entre los coches se convirtió en un martirio para sus pies. Por lo tanto, se esforzó parta juntar algo más de dinero y compró una carpa para montar su puesto en la rambla. Con la ayuda de su sobrina, entonces de 13 años, estampó su pregón en camisetas, gorras y cajas: "Água do Leo - GELAAADA".

"Él intenta ser más que un vendedor de agua. No es sólo un ambulante, sino un mini empresario. Piensa en el cliente, elije el mejor producto, piensa en la higiene, personaliza la atención y procura ofrecer el mejor servicio posible", dice su orgullosa madre.

Leo se ganó rápidamente la simpatía de los otros trabajadores de la zona, incluido el rapero João José Luiz Júnior, conocido como Jota Jr, que lo puso como ejemplo de superación en un video que se transformó en un éxito viral. En el clip, el músico presentaba a Leo como ejemplo para quienes tomaban el camino del delito, alegando falta de posibilidades para trabajar.

Leo cuenta con el apoyo de los guardias municipales para mantener su puesto de venta en la rambla, mientras procura regularizarse. Y mientras vende su agua, no desiste de su sueño de tener una carrera en leyes. Además de juntar dinero para preparar el examen de la OAB, Leo ayuda a su madre a pagar deudas y espera comprarse un nuevo par de lentes, ya que los que tiene están muy rayados y le producen dolores de cabeza. En cuanto a su audífono -sólo consiguió para un oído- ya no está ajustado a su nivel de sordera.

"Al principio me sentía humillado, pero hoy no, ahora me siento orgulloso. Por más humilde que sea mi puestito, al menos estoy logrando alcanzar mi idea, que era trabajar y ocupar mi tiempo. Me siento realizado, pero no por completo, porque uno nunca se satisface, siempre quiere más y más", concluye.

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