Seré curioso
Carnaval políticamente correcto

Diego Bello en Seré Curioso: "Algunos humoristas se ríen de cosas muy crueles, ¡pero la gente se ríe!"

Es una de las caras visibles de Saltimbanquis en su esperada vuelta al carnaval. Se cuestiona qué hace reír a la gente mientras repasa textos de Juceca.
13.02.2018
2018-02-13T00:00:00

Por César Bianchi
@Chechobianchi

 Fotos: Juan Manuel López              

Saltimbanquis, la murga de la familia Espert, había salido por última vez en 1998. Veinte años no es nada dice el tango, pero los tiempos cambiaron y la hipersensibilidad de estos días ya no ve con buenos ojos las humoradas de brocha gorda de fines de siglo pasado. Ese es el rol que ocupa Diego Bello en el cuplé más importante de la histórica murga: señalarle al personaje que encarna Claudio Rojo ("el cupletero de antes") que ya no se admiten algunas groserías como mecanismos para provocar la risa.

Con la excusa de ese cuplé, Bello reflexionó en esta charla sobre lo políticamente correcto y su utilidad para cambiar lo que está mal, la vigencia del humor desafiante y hasta ofensivo, la impronta de Enrique Espert y la importancia de ganar en el concurso. Además, este talentoso comediante visiblemente preocupado porque desde marzo engrosará la tasa de desempleados, explicó por qué cerró su WhatsApp y es más feliz sin redes sociales.  

 

-¿Tiene algo de especial ser el cupletero de Saltimbanquis en su regreso tras 20 años?

-Tiene una carga especial porque es de esas murgas que se recuerdan de niño... También tiene una carga por el título Saltimbanquis. Veinte años de ausencia generan mucha expectativa y eso genera un nerviosismo y una ansiedad distinta.

-Si tuvieras que explicarle a alguien que no es carnavalero, ¿qué distingue a Saltimbanquis del resto?

-Se lo podríamos explicar por el lado futbolero: es como jugar en Peñarol o Nacional. Es un título de los grandes, como Araca, como Falta y Resto, títulos que tienen mucha historia, mucha tradición, y en este caso la gente lo asocia con sus padres, con sus abuelos. Es una murga de 1924, así que es un título de mucha trayectoria, histórico. No pasa desapercibida.

-¿Hay una presión extra por ser "la murga de Cachete Espert" o más responsabilidad?

-No creo. No lo siento así. La murga ha sido siempre de la familia Espert, el padre de ellos fue quien inició el título, después lo siguieron ellos (habitualmente Enrique, Eduardo también y Eddie en alguna oportunidad, incluso hasta Graciela), pero ahora se da la particularidad de que la murga iba a salir con la dirección de Nelson Ferro, quien está al frente del proyecto este año, junto a Eddie Espert, pero el fallecimiento de Eddie trastocó un poco las cosas. Nelson mantuvo el proyecto y ta, es la murga de la familia Espert. Pero eso no genera nada particular.

-¿No es "correr con el caballo del comisario"?

-No, al contrario. Muchas veces juega en contra. Somos uruguayos y muchas veces nos gusta ser hinchas del cocodrilo...

"Enrique Espert nos dijo: 'Nosotros tenemos que cantar en los lugares donde la gente más nos necesite: hay que ir a los hospitales, a los asilos de ancianos', cosa que se hacía mucho antes. Él entiende que eso es muy importante".

-¿Cómo definirías a Espert?

-Tengo una muy buena relación con él. Te ponés a conversar y surgen anécdotas de otras épocas y cómo se manejaba el carnaval que te sorprenden o te hacen reír. Me parece que es un tipo muy ejecutivo, que se le pone una cosa en la cabeza e intenta llevarla adelante, con un costado muy solidario, ese código de no dejar a nadie a pie, mucho código de barrio de los viejos carnavaleros. Se le acercan y si él puede ayudar, lo va a ayudar. Una de las pocas veces que se acercó a hablar frente a toda la murga nos dijo: "Nosotros tenemos que cantar en los lugares donde la gente más nos necesite: hay que ir a los hospitales, a los asilos de ancianos", cosa que se hacía mucho antes. Él entiende que eso es muy importante.

-¿Es tuya la idea de jugar con el cupletero de antes en los días de hoy?

-No. Esa idea es del letrista Maxi Pérez. Pero yo me sentí cómodo con esa idea. Había toda una discusión sobre cómo se iba a parar la murga, 20 años después. Cuando todo demora tanto, el recuerdo que la gente tiene de Saltimbanquis está trastocado por el tiempo. Hay cosas que son características como la forma de cantar o la forma de vestirse, pero el tema era cómo llevar eso al humor. Y hay una forma de hacer cuplé de los '80. Ahí apareció la discusión ésta que existe sobre lo políticamente correcto y las cosas de las que podemos reírnos... Poner al cupletero de antes en estos días era algo sobre la mesa y creo que Maxi (Pérez) lo hace bien. Me parece que el carnaval también tiene eso de exceso, de pasarse un poco de la raya. El carnaval nunca se cuidó en las formas, lo que tenía que decir, lo decía. Y cada uno, en el público, después elegía cuál era la forma que le gustaba más. Y el cuplé tiene otra capa que es la más sencilla, pero la que más nos cuesta ver: que la gente se sigue riendo. Se sigue riendo de lo de antes, sigue causando gracia. Capaz que te dicen que se te fue la mano, pero se rieron.  

-Da la impresión que te entendiste muy bien con Claudio Rojo, muy elogiado este febrero...

-Sí, Claudio es un cupletero con todas las letras. Es un actor con una escena tremenda, con una comunicación increíble con la gente.  Lo ven entrar y ya se ríen, lo aplauden. Es muy fácil trabajar con él, hay que dejarlo que haga su trabajo, y lo va a hacer bien.

-Pegarle a Raúl Sendic, ¿era una obligación o una obviedad de la que había que escapar para no caer en un lugar común?

-Hacemos varias cositas con la figura de Sendic. Yo digo en un momento que está en el reglamento no hacer más de dos chistes de Sendic porque sería bullying, que es como un guiño a algo que nadie va a respetar, porque vamos a entrar todos en esa. Después, en el popurrí lo que hacemos es mencionar el hecho y después, hay una cuarteta en "el cupletero de antes". En esto último, yo creo que la cuarteta es fuerte, pero hay una realidad: hubo un programa de TV donde le tuvieron que preguntar por ese tema, me refiero a su sexualidad. Ese tema era un rumor en Uruguay y hubo una entrevista (NdeR: se refiere a una entrevista de Gabriel Pereyra en "En la mira" de VTV) con la pregunta acordada. Seamos claros: fue tipo "vos haceme esta pregunta, que yo te la contesto".

-¿Vos estás seguro que esa pregunta sobre su sexualidad fue acordada de antemano?

-A mí me parece que sí, como televidente me parece que sí. Pero si no fue así y fue espontánea, lo que marca es que el rumor existía. Por lo tanto, las murgas pueden trabajar con eso. En todo caso, se podría criticar que se debió haber dicho en el carnaval anterior, pero no estaba Saltimbanquis. Obviamente, nosotros le corregimos al personaje de Claudio, "el cupletero de antes", que es un disparate lo que está diciendo. Nosotros le decimos que eso ahora no se puede decir. El cupletero de antes dice la realidad cruda y a lo bestia, y mi personaje le señala que ya no se puede decir más, ahora cambiaron los tiempos.

"Cuando se corrigen los comportamientos con un shock eléctrico -como yo en el cuplé- es tan horrible como el mal comportamiento. A veces en nombre de lo políticamente correcto barremos alguna cosa debajo de la alfombra".

-Precisamente, ustedes juegan con la corrección política imperante por estos días y la sensibilidad que tenemos hoy con el lenguaje. ¿Cuál es tu visión sobre el tema? ¿No nos estaremos extralimitando?

-Es muy difícil de elaborar una reflexión... Me parece que en algunos temas, concretamente, nos fuimos al demonio. Creo que cuando se corrigen los comportamientos con un shock eléctrico -como yo en el cuplé- es tan horrible como el mal comportamiento. ¿Viste lo que pasa en los foros de discusión (de las notas en los portales)? Uno pone una cosa, y el otro le contesta que una mucho más virulenta, y llega un momento que están en Saturno, lees cosas increíblemente agresivas.  Lo políticamente correcto no está del todo bueno, porque a veces en nombre de lo políticamente correcto barremos alguna cosa debajo de la alfombra. El carnaval tiene que tener mucho cuidado con esa cosa, y mantener alguna cosa esencial porque se nutre de esas cosas, sin caer en lo fácil, pero sí con cierta linealidad, para que el mensaje se entienda claramente en todos los lugares.  Nosotros recorremos muchos lugares, muchos tablados de barrios, y a veces el mensaje tiene que ser directo y llano para que todos lo entiendan.   

-Hace unos días en el Teatro de Verano escuché: "Bienvenidos a todos y todas"...

-Por eso, con ese tipo de cosas no comulgo. No las entiendo... Si toda la vida hubiéramos dicho "todos y todas" no me parecería raro, pero siempre dijimos "todos" y sabíamos que abarcaba a las mujeres. No me afecta, pero me parece que se nos va la mano. Te voy a poner un ejemplo de una palabra que ahora se usa y me causa mucha gracia: "empoderar". Es una palabra graciosa, porque nunca la usamos y ahora parece que tenemos que usar "empoderar". ¿Qué es empoderar? Viene de una traducción directa del inglés yanqui, estamos tomándolo de ahí. Eso despierta una reflexión. En algún momento el "Ñato" (Eleuterio Fernández) Huidobro lo tiró sobre la mesa y casi lo linchan. Cuando hablamos de estas cosas, me acuerdo de una charla que dio Fontanarrosa en Rosario sobre las "malas palabras". Es maravilloso lo que dice, está en YouTube: él se cuestiona por qué son "malas", quién le da esa connotación, quién dictamina la maldad de las palabras. Le cargamos al vocabulario una connotación que originalmente no lo tienen. Entonces, si decimos "todos y todas", eso no soluciona el problema que estamos queriendo atacar. Entiendo la buena intención, pero no solucionamos nada con eso. Saquémonos la careta: hubo que legislar una ley (se refiere a la ley de cuota femenina) porque si no, había pocas mujeres en el Parlamento. Y los partidos que votaron esa ley después hicieron trampa para que alguna mujer electa renuncie a su banca y asuma un hombre. ¿Y después decimos "bienvenidos y bienvenidas"? Mmm... Hay algo que no está funcionando.

-También hubo polémica porque Romina Sosa, persona trans de Los Begoglios, se reía de sí misma. Fue criticada por el colectivo LGTBI. ¿Cuál es el límite en el humor?

-En el escenario es difícil el trabajo del humorista, porque con el humor generás cierta incomodidad. Tenés que llegar a un límite: que la persona no tenga ganas de irse. Pienso que es cómo se plantean las cosas, cómo construís la trampa del humor. Después, en la construcción puede pasar cualquier cosa, porque los gustos son diferentes y a cada uno los temas le impactan de diferente manera. Yo puedo leer cosas que escribo en algún monólogo y me cuestiono que tal cosa puede jorobar a alguien, pero capaz que lo digo y no pasa nada. Y de repente digo algo que me parece mucho más banal e inofensivo, y tiene una respuesta negativa de la gente. Es muy subjetivo.

-Pero hoy hay que cuidarse mucho más...

-Sí, hay que cuidarse mucho más, la sensibilidad está más a flor de piel. Pero también está lleno de humoristas que se ríen de las cosas más crueles del mundo, ¡pero la gente se ríe! Hay un comediante (NdeR: el británico Ricky Gervais, quien dijo que "los judíos son responsables por todas las guerras del mundo") que hace todo un monólogo con el Holocausto... y en un teatro lleno, lo aplaudían de pie. Hay otro comediante norteamericano (Kevin Hart), que es negro, y uno de sus monólogos principales es sobre los negros. El tipo maneja desde cómo los discriminan hasta las "cosas de negro" que ellos hacen para que los discriminen. Los dos van hasta el hueso, y la gente los ovaciona. Es como los comediantes que juegan con su sexualidad. ¿Entonces? Lo de Romina me parece fantástico que esté en el grupo y que maneje (humorísticamente) su presencia en el carnaval.

-¿Qué hace un carnavalero como vos el resto del año?

-Estuve trabajando hasta fin de año en radio Uruguay, en el programa De 10 a 12 y lo levantaron. Fue una cosa muy rara que pasó. Ahora soy parte de los desempleados.

"Yo ya estoy al borde del abismo. Podía vivir del humor cuando estaba en la radio porque tenía una pata fija ahí. Tengo que armar un plan de trabajo una vez que termine el carnaval, ver cómo salgo. Tendré que tirar redes por todos lados".

-Vos no vivís del carnaval. Trabajaste casi 20 años como editor (en Monte Carlo TV y también en Tenfield), y desde hace tiempo intentás ganarte la vida con el humor y también como guionista de otros. ¿Cuesta ganarse la vida como comediante o humorista en este país?

-Sí, cuesta sí. Yo ya estoy  al borde del abismo. Yo podía hacerlo cuando estaba en la radio porque tenía una pata fija ahí. No tengo una estrategia, estoy tratando de construirla. Tengo que armar un plan de trabajo una vez que termine el carnaval, ver cómo salgo. Tendré que tirar redes por todos lados.

-Participaste en el plantel inicial de Algo Contigo en 2011, cuyo enfoque luego mutó y diste un paso al costado. ¿No te sentiste cómodo en un programa de chimentos en Uruguay?

-No me interesa.  Cuando el programa mutó, hablé con Luis (Carballo) y di un paso al costado. Teníamos un plan donde había humor, sketches, eso me interesaba... pero el programa cambió y no me sentí cómodo, eso no me gusta, no me atrae ese juego. Hay que saberlo jugar y eso no me gusta.

-En 2017 actuaste en El Mundo de los Videos, una miniserie de ficción que emitió TV Ciudad. ¿Cómo les fue? ¿Te interesa saber cuánta gente la vio?

-Eso me encantó, fue una experiencia buenísima de trabajo. Me parece que hay que generar contenidos de ese tipo. No me interesó saber cuánta gente lo vio, además el rating no alcanza a TV Ciudad, no se puede medir. Lo que me interesó es el formato. Tenía mucha cosa de identificarse: todos teníamos un videoclub cercano al que íbamos con frecuencia. El argumento era intentar salvar el último videoclub o uno de los dos últimos. Me gustó la forma de trabajo: fue un mes de filmación con una dinámica de cine, fue todo un desafío. Actoralmente fue todo un aprendizaje, con Néstor (Guzzini), Gabriel (Bauer), Roberto Suárez, de los directores Matías Ganz y Rodrigo Lapado, dos gurises jóvenes que están haciendo cosas interesantes.

-Ha sido un camino poco explorado el de la ficción en Uruguay. Los pocos ejemplos que hubo no tuvieron continuidad. ¿No es redituable económicamente o la gente no lo consume?

-No sé, un poco de todo, me parece. Hay una cosa que no hacemos que es presionar a los canales de televisión...

-Para eso estaría la Ley de Medios...

-Sí, que tengan que producir contenidos y que el abanico de contenidos sea amplio. No voy a decir que porque sea uruguayo es bueno. No, no digo eso. Pero déjennos equivocarnos un poco, hasta que encontremos la forma de hacerlo. Ojo, que cuando digo "los canales" hablo de los canales estatales también. Los canales privados tienen las posibilidades para llevar adelantes proyectos de ficción como el de El Mundo de los Videos. Busquémosle la vuelta. Si se empieza a acostumbrar al público con proyectos de ficción de este tipo, después queda en la gente si lo sigue o no. Mirá, El Mundo de los Videos no lo quiso ninguno de los canales privados. Como era ganador del premio Fona, los canales privados tienen prioridad y a costo cero. Y no lo quisieron. Uno de los canales ni siquiera recibió a los directores. Entonces, así está bravo...

"Hay una cosa que no hacemos que es presionar a los canales de televisión... No voy a decir que porque sea uruguayo es bueno. Pero déjennos equivocarnos un poco, hasta que encontremos la forma de hacerlo".

-El año pasado hiciste un unipersonal de humor en La Vieja Farmacia Solís. ¿Se puede decir stand up?

-Yo que sé, yo hago un unipersonal. Me encantó ese tipo de espectáculo. Yo hago monólogos, veo a algunos que me gustan mucho y otros me gustan menos...

-¿Quién te gusta?

-Uno que me gusta y ahora está complicado es Louis CK, un norteamericano que ahora está acusado de acoso, y me parece que se le termina su carrera... Está en el horno, se le complicó. Ese es muy ácido, juega al límite y más. Me encantan esos teatritos donde los tipos hacen sus rutinas, y todos tienen piques y recursos interesantes. El otro día vi un video de Billy Crystal que habla de su situación familiar, juega con eso de estar un rato con el humor, y un rato darte contra el piso. Después, algunos me gustan mucho escénicamente: Jorge Esmoris está haciendo un espectáculo maravilloso ahora, Jorge no tiene nada que envidiarle a nadie, es un capocómico, un actorazo aparte. Se para en escena y chau.

-¿Cómo preparás tus participaciones humorísticas? ¿Qué lees, qué te inspira?

-Las noticias las devoro bastante. No tengo redes sociales, pero sí leo bastante en portales. Y después, mucha observación. Me gusta, cada tanto, andar medio solo buscando mirar la cotidianidad. Juceca y Fontanarrosa están siempre en mi mesa de luz. De Juceca creo que tengo todos sus libros. Soy de releer, subrayo, le busco cosas, y me surgen disparadores leyéndolos. Me gusta mucho eso que tenía Juceca de tomar una situación común y ponerle algo externo que lo trastoca: en "Los cuentos de Don Verídico" tenía una estructura donde el boliche del Resorte funcionaba como un lugar, con un elenco estable, y que rompía eso era el forastero que llegaba con su problema. Venía alguien de afuera a romper esa tranquilidad. Ese juego me parece muy atractivo. Lo recuerdo siempre como un escritor que hacía humor, y no como un humorista que escribía, como dijo Milton Fornaro.

-En 2009 y 2010 obtuviste el bicampeonato con A Contramano, y en 2010 fuiste Figura Máxima del Carnaval. Esos reconocimientos, ¿son sólo un mimo al ego o le otorgás un valor extra?

-Son un mimo. Creo que son momentos que tengan marcados y te ayudan a poner esa marca, ese mojón. Los tomo como pequeños mojones. Después que llegás a esos galardones, tenés que mantener o estar en cierto nivel de excelencia, o de exigencia, mejor dicho. La exigencia siempre tiene que estar. Hay que trabajar y trabajar, porque no hay otra forma.

"WhatsApp tuve un tiempo, pero lo saqué porque yo veía algunas discusiones en los grupos y me preguntaba '¿qué estoy haciendo yo en esta discusión?'. Y empecé a notar que de 100 mensajes que recibía, 80 no me servían para nada".

-¿Te da lo mismo ganar este año o no ganar, si te conforma personalmente la actuación?

-Cada vez la competencia me cuestiona más. Hasta me bajonea un poco la competencia. No tengo enfermedad por ganar, sí tengo enfermedad u obsesión porque el espectáculo sea digno, que esté bien puesto, que la gente se vaya satisfecha y yo me baje satisfecho del escenario. Va por ahí. Es muy rara la competencia, y cada vez es más rara. Está buenísimo ganar, pero ¿sabés qué? Es matemática pura: son más las veces que perdés que las que ganás. Es la posibilidad más factible.

-Seré curioso, ¿por qué no tenés redes sociales ni usás WhatsApp?

-No las puedo sostener... WhatsApp tuve un tiempo, pero lo saqué porque yo veía algunas discusiones en los grupos y me preguntaba "¿qué estoy haciendo yo en esta discusión?", te podés ir del grupo, pero después te preguntan por qué te fuiste. Y empecé a notar que de 100 mensajes que yo recibía, 80 no me servían para nada. Y redes sociales, un poco lo mismo... No me llaman la atención. No me dan ningún dato que me atraiga, al contrario: me pone nervioso ver cómo la gente se exalta en las redes. Hay tanta cosa negativa... Es una tribuna de barrabrava potenciada. Y esa cosa lateral que uno te etiquetó y después tenés que explicar. Se arman cada bola, que después no las parás con nada. No me gusta eso.

-¿Sos feliz?

-Sí, sí, creo que he tenido mejores momentos que éste a nivel personal, pero me gusta pensar positivamente. Y pensar que metiendo y trabajando van a aparecer oportunidades de trabajo. Ahora tengo trabajo, porque carnaval exige mucha dedicación, pero en marzo estaré en otro lugar. Espero tener la fortaleza necesaria para salir de esa situación.

Montevideo Portal | César Bianchi
Fotos: Juan Manuel López