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Una licuadora ideológica

Polémica sobre una nota en Brecha sobre mi libro ''El clavo en el sillón''. Por Esteban Valenti.
28.11.2017

La pasada edición de Brecha, del 24/7/2017 y con la firma de Gabriel Delacoste y el título "A puro martillo", le dedica una página a mi último libro "El Clavo en el sillón".

Todas las normas de urbanidad, oportunidad y el agradecimiento por difundir -aún en polémica- mi libro recién aparecido, indican que no debería polemizar, pero... es tan pobre el intercambio directo en la actualidad que voy a aprovechar la situación.

Primero le voy a pedir perdón al autor por haber escrito demasiadas páginas, aunque es una selección bastante reducida de las columnas publicadas en los dos últimos años en Uypress, Bitácora y Montevideo Portal. Entiendo que debe haber sido un duro esfuerzo.

Reproduzco el inicio de su nota: "En la puerta de una librería hay un cartel con una foto de un silloncito casi de tamaño natural. Sus partes acolchadas son celestes, mullidas y capitoneadas, y su estructura, dorada y decorada. Es casi un trono. Lo atraviesa un clavo que apunta hacia arriba, por su tamaño bien podría ser un sable. Esta imagen promociona el último libro de Esteban Valenti. Su título, El clavo en el sillón. El poder y la crítica, invoca una metáfora del tipo "la piedra en el zapato", la crítica que molesta al poderoso, en su versión fálica".

Debe ser una nueva moda, que incluso para tratar temas políticos u opinar sobre libros haya obligatoriamente que incluir referencias "fálicas" sobre la tapa y la promoción realizada por la editorial. Sus motivos tendrá el señor Delacoste.

También me voy a disculpar con el autor por haber sido comunista, por analizar en muchas oportunidades, o al menos tratar de hacerlo y no lavarme las manos, las causas del fracaso de un proceso revolucionario que abarcó la mayor porción de la población mundial en solo 70 años, que tuvo una innegable influencia sobre las relaciones internacionales, los procesos de descolonización, sobre la política e incluso sobre la cultura, la ideología y las artes. Sí, señor, yo trato de mantener actualizado el clavo sobre mi pasado, porque tuvo que ver con mi vida y la de millones de seres humanos, y no sobre escribir algunos párrafos y dar lecciones a diestra y siniestra, quien sabe desde qué pedestales y qué experiencias de lucha...

"Como tantos ex comunistas que abrazaron al pluralismo progresista con pasión, necesita expiar una y otra vez un pasado en el que levantó banderas rojas, predicando con la fe del converso y usando la oposición de la Guerra Fría entre totalitarismo (comunista) y democracia (liberal) como principal marco para entender el presente", escribe Delacoste.

Debe ser sobre esa interpretación tan banal, que se compromete con la línea del medio y ya le suena a peligrosa, que construye su pedestal para opinar. Es un estilo que tiene refugio en algunos medios de prensa que agrupan y alinean a los aleccionadores implacables, que logran el milagro que desde sus páginas -no todas- una patrulla de iluminados nos trace el camino y nos marque cómo debemos abordar los temas y cuáles son los horizontes obligados para recibir sus aplausos. La verdad es su monopolio y a ella debemos atenernos. Que nunca nos falte.

Para disciplinarnos arremete contra mi aporte a la teoría de los dos demonios... y por mi insistencia en las responsabilidades del MLN. "El pasado está presente a lo largo de todo el libro. La obsesión con lo que Valenti considera errores del Mln roza la teoría de los dos demonios y ayuda a enmarcar su diagnóstico de que la culpa de los grandes problemas de la izquierda y del país es del Mln, el Mpp y José Mujica. Su crítica a su propio pasado revolucionario y a las "desviaciones" y "aventuras" tupamaras lo lleva a ir tan lejos que llega a considerar: ‘Uno de los pocos méritos que tuvo el régimen cívico-militar fue enseñarnos, a la gran mayoría de los uruguayos, a conocernos más, a respetarnos más en nuestras convicciones políticas'".

¿Qué tiene que ver la lección democrática que aprendimos la gran mayoría de los uruguayos porque vivimos y enfrentamos la dictadura y aprendimos a valorar la democracia y a vivirla hasta el punto de que hoy, en una sociedad mucho más violenta que antes, donde la política -para todos- es la actividad más pacífica que existe en nuestra sociedad, con ese batido de opiniones sobre grupos políticos?

Es el viejo método de no enfrentar los temas de frente, asumir posiciones y defensas, por ejemplo, si le parece, del MLN, del MPP o de José Mujica y dejarse de menearla, enroscarla y deformarla. Lamentablemente, con el señor Delacoste no puedo discutir con sus posiciones porque son pocas y bien dispersas.

"El texto está decorado con numerosas citas y referencias a Karl Marx, Rosa Luxemburgo y Antonio Gramsci, aunque aclara que sus pensamientos no se pueden usar para interpretar el presente, transformando al marxismo en una marca identitaria nostálgica, en un dialecto del centrismo que conserva algunas palabras de una lengua muerta".

Lástima que no puedo utilizar esa hermosa frase de que no es lo mismo ser profundo que haberse venido abajo, directamente porque no tengo idea de donde partió, si está escalando o en caída libre.

"El lugar jugado por el propio Valenti en los temas que piensa y los episodios que narra se cuela permanentemente a lo largo del libro. Su calidad de testigo directo es usada muchas veces como argumento, y la reivindicación o crítica al rol que jugó personalmente es uno de los temas principales del libro. Esto hace pensar que quizás una memoria del autor sería más interesante que la forma como estos trazos autobiográficos se meten en el medio de argumentaciones, y que un texto que narrara su trayectoria como actor de un momento bisagra de la historia de la izquierda sería un aporte más interesante que la republicación de sus columnas de opinión. El texto da ganas de saber más sobre sus encuentros con figuras históricas, las misiones entre Roma y Moscú, el ambiente del exilio en Buenos Aires, las lecturas en el Partido Comunista italiano de los ochenta, las negociaciones de la transición y las discusiones en el comunismo uruguayo durante la perestroika. Pero eso quedará para otra ocasión".

Me jodió. Hace tiempo que estoy escribiendo un libro sobre mis testimonios y mis naufragios y ahora voy a tener que repensarlo luego de tan iluminado consejo. Veremos.

Y luego viene la estocada final del gran Catón: "EL CLAVO IDEOLÓGICO. La ideología que se desarrolla en el libro es un social-liberalismo progresista. La libertad y la democracia son el centro del problema, y son el marco en el que se entienden la igualdad y el rechazo a la explotación, proponiendo una "civilizada lucha de clases" y exaltando la civilidad de Uruguay y su clase política. Se trata de un texto que busca hacer una intervención en el plano ideológico, intentando disputar la identidad de la izquierda, pero con contenidos típicamente centristas. Podemos ver cómo opera la fábrica de ideología progresista, que termina por llamar izquierda al centro y centro a la derecha. Esto está sustentado en una operación de híper simplificación histórica, que encuentra la genealogía de la izquierda en la revolución francesa, y la de ésta en la Ilustración, en una línea directa que va de D'Alembert a Marx a Astori".

Si realmente lograra trazar una línea directa entre el gran enciclopedista y matemático D´Alambert, Carlos Marx y Danilo Astori, me sentiría un genio, aunque estuviera equivocado. Pero la genialidad se la dejo toda a Delacoste.

Uno más de esos iluminados que desde su púlpito, seguramente ganado por su militancia infatigable o por su labor universitaria tan destacada y reconocida, nos señala el camino de la izquierda, mejor dicho de la siniestra.

Y para terminar su sentencia de este gran combatiente que lanza su terrible anatema: "Algo importante se juega en la oposición del subtítulo del libro, entre "el poder" y "la crítica". Entre esos dos queda claro cuál fue el elegido por el autor".

La diferencia es que yo sí podría haber elegido muchas veces el sillón, no lo elegí pero es cierto que lo defendí y lo seguiré haciendo cuando considere que es un instrumento de cambios profundos, redistributivos, no solo materiales sino culturales, pero cuando consideré que había que apelar al clavo incluso en un sentido autocrítico, lo hice. Esa es una prueba dura, que se paga cara, seguramente el señor Delacoste difícilmente tenga que afrontarla, es lo típico en ciertos personajes que utilizan una licuadora ideológica y sin pasado, ni compromiso hacen un gran revoltijo.

Por Esteban Valenti

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Esteban Valenti

Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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