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La larga revolución triunfante

Sin el feminismo, como movimiento histórico y diverso, el patriarcado no hubiera concedido a las mujeres los derechos que han obtenido. Por Esteban Valenti.
13.03.2018 13:41

Con los nuevos tiempos, las enormes manifestaciones y los horrendos crímenes contra las mujeres, hay un número creciente de uruguayos que nos manifestamos como feministas o próximos a esa causa. Partimos de la realidad que hay muchas formas, incluso bastante contradictorias de ser feministas.

Esta diversidad es natural por la amplitud de los movimientos y de los objetivos que persiguen los diversos grupos y organizaciones que integran el feminismo o los feminismos.

La cantidad de participantes en las marchas del 8 de marzo ha ido creciendo de manera notoria, y dentro de la misma marcha las diversas expresiones. Incluyendo a algunas - pocas - que consideran que su gran aporte es atacar una iglesia católica con bombitas de color y destaparse los pechos. En realidad, como en todo movimiento masivo, ese tipo de expresiones no quieren el avance de una causa, lograr resultados y triunfos; quieren mostrarse, sobresalir. Antes que la causa misma, están ellas y su perfil.

Los fanáticos, en cualquier causa, suelen ser los principales enemigos de los objetivos justos que levantan los grandes movimientos y las organizaciones que quieren imponer una suerte de marginación y discriminación de los hombres, apedrean las iglesias o hacen declaraciones "ultras" e inofensivas, están entre las peores enemigas del verdadero feminismo.

No todos los participantes en las marchas son feministas, ni siquiera todas las mujeres militantes y activas por la causa de los derechos de las mujeres son feministas y eso demuestra la amplitud del movimiento. Yo sí soy feminista, y además soy un machista arrepentido, autocrítico.

Es difícil encontrar personas que argumenten hoy en día a favor de la natural diversidad de oportunidades, de derechos, de capacidades, entre los hombres y las mujeres. Incluso gente bastante reaccionaria ha superado esa barrera. Otros se barrican detrás de la oposición a la despenalización del aborto o al divorcio para tratar de levantar sus banderas contra el feminismo. Y muchas veces son ayudadas por ciertos supuestos radicalismos feministas.

Sin el feminismo, como movimiento histórico y diverso, los hombres, el patriarcado no les hubiera concedido a las mujeres los derechos que han sido obtenidos en muchos años, demasiados años. El proceso ha sido lento, lleno de marchas y contramarchas y con muchas víctimas. Mujeres.

Si comparamos el mundo actual con el de hace 150 años, es obvio que se han logrado avances notorios en buena parte del planeta. No en todo el mundo por igual, ni por asomo.

Las mujeres votan, tienen derechos civiles, reproductivos, patrimoniales, profesionales, y muchos más que antes no tenían. En algunos países esos derechos se conquistaron hace relativamente poco y en otros todavía están pendientes, y eso da una idea del atraso en el que vivía el mundo y que todavía sobrevive en todas nuestras sociedades y en forma absurda y tremenda en muchos países.

El feminismo es la revolución más amplia, más profunda por los cambios logrados y la más exitosa del mundo, que sigue adelante y que tiene todavía muchos grandes objetivos por lograr. Precisamente esas tareas pendientes mantienen la tensión y la movilización necesaria para seguir avanzando.

Todas las revoluciones, políticas, productivas, tecnológicas, artísticas, tuvieron sin falta entre sus protagonistas a las mujeres, no por razones estadísticas, sino incorporando su aporte invalorable e insustituible, de ideas, de sensibilidad, de sacrificio y heroísmo. Y muchas veces pagado por nosotros, los hombres con un manto de silencio.

Es una revolución, no por el facilismo de apelar a ese nombre cada vez que nos parece útil para darle un carácter radical. Es una revolución porque sus cambios han influido profundamente en nuestras sociedades, porque dieron vuelta algunas de las estructuras fundamentales de las sociedades, con consecuencias en todos los planos, político, económico, social y cultural. Y las revoluciones verdaderas cuestan mucho esfuerzo y sacrificio.

Una de las principales barreras que deben vencer las revoluciones, son los prejuicios, las barreras culturales e ideológicas. El feminismo ha logrado avanzar en un frente muy amplio, entre otras cosas, porque se ha hecho mucho más plural y ha logrado que sus banderas tengan cada día más un contenido universal y liberal, en el sentido más profundo e histórico del término: más ligado a la libertad.

Hay sectores del feminismo que han asociado sus banderas históricas a otras causas diferentes, que pueden tener en común el objetivo del respeto por las diversidades, pero que no necesariamente deben ser la misma causa. No es lo mismo el feminismo que las causas de los derechos de los LGTBI. Sectores del feminismo han ligado ambos temas. Tiene su explicación, pero, reitero, no son lo mismo.

Otras han asociado el machismo, el patriarcado al capitalismo y ese es un error de análisis de la historia, en todo caso fue y es en el capitalismo, hasta por las formas de producción, que las mujeres han ocupado un lugar creciente en las sociedades, aunque sin la lucha del feminismo ese lugar no se hubiera ampliado y profundizado a los derechos y libertades para las mujeres.

No es cierto que esos derechos sean una consecuencia de la simple evolución de las sociedades, los ejemplos son interminables. Fue y seguirá siendo necesario la lucha de las mujeres para obtenerlos y ampliarlos.

El socialismo real, tomó banderas y proclamó derechos importantes para las mujeres en sus tiempos iniciales, pero la burocracia dominante en forma creciente y separada de la gente y del proyecto original fue un enorme tapón para el ascenso de las mujeres. La disputa por los espacios de poder burocrático no necesitaba por cierto, a millones de mujeres en disputa en la pirámide del poder. Las cifras de la participación de las mujeres en el poder en el socialismo real son por demás evidentes.

Pero el bloqueo era todavía más trágico en el plano cultural e ideológico, la paralización de la crítica y de todo mecanismo de renovación les/nos impidió ver lo retrogrado de nuestras posiciones, sobre las mujeres y sobre los diferentes.

Algunos partidos consideran que esos pecados del pasado se pagan incorporando de manera acrítica y sin ninguna elaboración teórica e ideológica los temas de la diversidad de género a través de gestos básicos. Y así les va.

Otro capítulo es el de las víctimas. No solo ni principalmente las que pagaron con sus vidas, sus empleos, su postergación, su marginación la lucha por el feminismo, sino las que cambiaron y no aceptan más el patriarcado, la sumisión con las que son y fueron asesinadas. Ese trágico proceso que en nuestro país tiene ejemplos tan dolorosos, permanentes y constantes, es el resultado del avance sin ninguna posibilidad de retroceso de las mujeres y el ejercicio de su derecho a elegir su vida, su pareja, su libertad. Y por otro lado el machismo y el patriarcado expresado de la manera más brutal: apropiarse de la otra vida.

Vencer este flagelo no puede ser una tarea exclusiva del feminismo, ni de las mujeres, es una de las principales batallas civiles, humanitarias y de cultura que tiene por delante la sociedad uruguaya. El Estado, el gobierno, la sociedad civil, las organizaciones sociales. Todos.

Lo más difícil de las revoluciones es transformar las causas colectivas, los grandes virajes sociales-culturales, en su expresión a nivel de los seres humanos, de los ciudadanos concretos, de la grandeza y miseria de hombres y mujeres individuales.

La batalla que hay que combatir y ganar, si queremos vivir en una sociedad más justa, más civilizada, más decente y progresista es que la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, a todos los niveles, incluso, y en especial en los que más duelen, los de los salarios iguales, los del acceso al poder en todos los planos, político, empresarial, en la educación, en las organizaciones sociales en las religiones y también en los derechos a la convivencia común o separada no son un avance de las mujeres, son un gran salto civilizatorio para todos.

Por Esteban Valenti

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Esteban Valenti

Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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