Letras Saladas

Julián Schweizer cuenta las dificultades para un surfista juvenil a la hora de viajar solo

En una nueva Letras Saladas, el surfista, que comenzó a viajar solo a los 16 años, cuenta cómo se vive esto y por qué "no todo es negativo".
16.02.2018 14:48

En esta edición de Letras Saladas, voy a hablar sobre cómo es el viajar solo a competir. Muchas veces es difícil de imaginar que un adolecente a las 16 años empiece a recorrer el mundo sin compañía de un adulto responsable.

Comencé a competir a nivel internacional hace 4 años, cuando fui a Perú a un mundial de la ISA, como conté en este espacio en más de una ocasión. Obviamente, mis viejos siempre me querrían acompañar, pero por cuestiones económicas es bastante difícil que vengan conmigo. Por lo que no me quedó otra que ir aprendiendo sobre la marcha un motón de cosas para poder ir sobrellevando cada viaje y competencia de la mejor manera posible.

Al principio, lógicamente fue bastante difícil: pasás por situaciones en las que te ponés muy nervioso y no tenés a nadie de confianza cerca para que te de una mano. Esto hace que vayas creciendo en algunos aspectos de tu vida un poco más rápido. Tenés que estar atento a muchas cosas que, si viajaras con algún amigo o familiar, probablemente no te inquietarían tanto.

Hace un par de años, volviendo de Perú a Costa Rica luego de un campeonato, no me dejaron subirme al avión porque hacía cuatro días que el gobierno de Costa Rica había prohibido el ingreso de pasajeros provenientes de Perú que no tuvieran la vacuna contra la fiebre amarilla. Después de discutir un tiempo con el personal de la aerolínea no me quedó otra que salir a buscar el próximo vuelo a Uruguay. Todos los vuelos para ese día estaban agotados y el único que encontré por un precio razonable era para el siguiente día en la noche. Por suerte me acordé de un amigo vive cerca del aeropuerto de Lima y me dejó alojarme un día en su casa. Y así perdí un vuelo y tuve que terminar pagando otros dos para poder seguir con el calendario de competencias que tenía en ese momento, pero por suerte pude seguir adelante.

Lo ideal para viajar a competencias siempre es que vaya alguna otra persona, sea familiar, entrenador, fotógrafo o amigo. Así uno puede estar totalmente enfocado en la competencia y no estar pendiente en cosas de logística que a la hora de competir te pueden llegar a desconcentrar y estresar. Normalmente los competidores que obtiene buenos resultados tiene un equipo en el lugar del torneo que los respalda.

Pero no todo es negativo a la hora de ir solo. Claramente, al estar solo y sin ninguna persona con la que hablar, hace que conozcas a más personajes locales y te sumerjas un poco más en la cultura del lugar. Estoy super agradecido de, por esta razón, haber conocido grandes personas de distintos rincones del mundo que hoy son grandes amigos.

Ahora a la mayoría de los países a los que viajo tengo conocidos y amigos que hacen que la estadía sea única y pueda conocer en profundidad cada sitio. No hay mejor manera de conocer un lugar que a través de las personas que viven allí. Creo que si no hubiera viajado solo, probablemente al principio hubiera disfrutado un poco más y habría estado más cómodo pero me hubiera perdido de conocer varios amigos y experiencias que hoy en día forman gran parte de mi vida.

Por Julián Schweizer

ESCRIBE

Julián Schweizer

Joven surfista uruguayo radicado en Costa Rica desde hace tres años. Además de ser campeón nacional de Longboard por partida doble, logró una Plata en un Panamericano y está clasificado para el LQS (Longboard Qualifying Series). Letras Saladas es un espacio donde relata sus peripecias mientras busca cumplir su sueño: conquistar el mundo del longboard.

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