Botánica es cultura

El año 2018 para el cannabis y la necesidad de avanzar en medicina

Uruguay cumplirá cinco años de cannabis legal y regulado. No obstante, falta avanzar en algunos aspectos, como la medicina cannábica. Por Eduardo Blasina.
12.03.2018 13:58

Uruguay cumplirá cinco años de cannabis legal y regulado, único en el mundo en ese aspecto. Los autocultivadores ya no van a prisión, los clubes funcionan y no se generan problemas con ello. Y este año se continuará vendiendo cannabis en las farmacias sin que hayan sido asaltadas o hayan tenido inconveniente alguno.

Las libertades conquistadas en Uruguay se van consolidando y forman parte de las libertades que se conquistan en el mundo. Sin dudas el turismo en Uruguay va a seguir creciendo, no porque sea un turismo cannábico, sino porque las libertades de Uruguay son un atractivo universal.

Pero falta mucho por hacer por el desarrollo del cannabis en Uruguay y por seguir mostrando las ventajas de legalizar y regular el uso de la planta en contraste con la prohibición previa.

En particular hay dos aspectos que deberían ser resueltos este año. Por un lado debería atenderse la situación de las familias con niños con epilepsia refractaria y otras enfermedades en las que el cannabis ha mostrado ya evidencia abundante sobre los beneficios que aporta con total ausencia de efectos secundarios. Quienes celebramos las libertades conquistadas no podemos olvidarnos que para una madre que tiene a su hijo epiléptico no ha tenido cambios importantes, o le da a su hijo medicamentos caros y con terribles efectos secundarios, generalmente opiáceos. O le da medicamentos cannábicos muy caros e importados, o medicamentos artesanales que no tienen respaldo del Ministerio de Salud Pública.

Uno de los objetivos fundamentales de legalizar el cannabis es bajar los niveles de crueldad de la sociedad. Es cruel llevar preso a un ciudadano por las plantas que tenga en la intimidad de su hogar. Pero también es muy cruel no bregar porque un niño con epilepsia, o un adulto con Parkinson o tantos otros casos no tengan, a ya más de cuatro años de legalizado y regulado el cannabis, alternativas a las que había previamente. Es cruel y es injusto porque países con marcos legales peores a los de Uruguay, como Israel, ya proporcionan flores a miles de sus ciudadanos.

Es un año decisivo, en paralelo para que más científicos se dediquen con intensidad al tema y tengan respaldo conceptual y económico para que Uruguay se incorpore con decisión a una hermosa carrera científica que en cada vez más lugares del mundo acelera a ritmo vertiginoso. ¿Qué variedades sirven para qué dolencias? ¿Qué proporciones de cannabinoides son las que funcionan? ¿Qué papel juegan además de los cannabinoides los terpenos y los flavonoides? ¿Qué aportes puede hacer a la agricultura orgánica de Uruguay el cultivo de cannabis?

En Uruguay se ha formado una sociedad de endocannabinología, hay un grupo interdiscipilnario y hay científicos en el Instituto Clemente Estable y diversas facultades. Tal vez falta coordinar y estimular para que Uruguay tenga allí un ámbito activo de desarrollo de medicamentos y productos.

Si no lo hacemos este año ya será muy tarde. Varios países avanzan a fuerte ritmo en investigación y desarrollo y la generación de conocimiento debería ser uno de los frutos más hermosos de la ley que llevó a que Uruguay fuera considerado el país del año en 2013 por The Economist.

Al margen de lo anterior, esperemos que el 2018 sea el de la liberación de alimentos con sabores de cannabis y puedan explorarse usos industriales, bioplásticos, bioconstrucción, y tantos otros. O los producimos nosotros, o los importaremos de otros países más ágiles.

Por Eduardo Blasina

ESCRIBE

Eduardo Blasina

Ingeniero agrónomo, escritor y autor de “El descubrimiento de la evolución” y analista de mercados de materias primas. Actualmente Director del Museo del Cannabis de Montevideo, es un férreo defensor de la cultura cannábica y de lo que esta nos puede aportar como especie.

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