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¿Quiénes son los inteligentes?

¿Qué le proporciono yo a la empresa que me surte de un servicio gratuito? Muy simple, le doy información sobre mí, y eso vale mucho. Por Esteban Valenti.
20.02.2018 15:56

No voy a hablar de otras personas, sino directamente de mí. A veces - no siempre - me interrogo sobre cosas que parecen absolutamente naturales y por lo tanto indiscutibles. Hoy lo voy a hacer en forma de una historia, de una pequeña historia.

Como todas las mañanas, de lunes a viernes, me levanté para ir a trabajar. Antes, había recibido una abundante dosis de servicios gratuitos, lectura de diarios, de portales y consultado algunas cosas en Google. Bajo la ducha, en un rapto de imprudencia, me pregunté: ¿Por qué tantas cosas gratuitas?

Mientras me secaba, una leve duda me asaltó: en realidad cuando los productos son gratis - yo ofrezco a través de Uypress también un servicio informativo gratuito-, el producto, en realidad, es el usuario. Tú eres el producto, la mercancía. ¿Y qué valor puedo tener yo, o usted señor o señora producto?

¿Qué le proporciono yo a la empresa que me surte de un servicio gratuito? Muy simple, le doy información sobre mí, mis gustos, mis intereses, mis tendencias y cambios. Eso en la sociedad de la información vale mucho, demasiado.

Al llegar a la oficina, luego de haber accedido a diversos sitios en Internet, otra pregunta incómoda me asaltó, me atrapó desprevenido: ¿dónde está Internet?

Estuve varias horas buscando y recordé que al escribir el libro "Internet al sur" - hace 20 años ya - había realizado una intensa búsqueda en la red, sobre dónde estaban los enormes servidores, los gigantescos cables - en ese entonces de cobre y ahora de fibra óptica -, que surcan los mares y los océanos y que soportan a la red de redes. No me refiero a esa cosa tan difusa e indefinida que es el software, sino a eso duro y material que se llama el hardware. No encontré un solo trabajo serio, un estudio, una fuente que respondiera a mi interrogante. Internet está en la "nube".

Eso puede ser cierto para los contenidos, los mensajes, el software, pero los fierros y sobre todo la madre y el padre de todos los fierros, los servidores master, no encontré una sola respuesta. Y que existen, existen.

Solo encontré una referencia de Ugo Mattei, un jurista italiano que se ocupa bastante más de las nuevas tendencias civilizatorias introducidas por las tecnologías de la información, que de códigos y leyes. Aunque son temas directamente conectados. Mattei dice que se encuentran en California y el estado de Washington (Seattle), con algún soporte en el sur-oeste de Canadá. Incluso los más fantasiosos afirman que el núcleo duro de los servidores de la red, está en un submarino nuclear norteamericano que navega en la costa oeste de los Estados Unidos. El misterio se presta para todas las fantasías...

Lo cierto es que, si pensamos por un instante, la parte de nuestra vida que depende de Internet y su funcionamiento, y la falta de datos concretos y precisos sobre el corazón de Internet, deberíamos preocuparnos. Se puede afirmar que la economía del mundo actual, la economía capitalista, la que nos rige, funciona enteramente gracias a Internet y todas sus derivaciones. Todas las comunicaciones mundiales y nacionales, la compra y venta de todos los billetes de avión y tren en la gran mayoría de los países dependen de que funcione el sistema. Los bancos y todas las transacciones financieras, es decir el manejo de nuestra platita y, una lista interminable de cosas dependen exclusivamente de Internet.

Yo ya lo hice, haga usted también la prueba y piense todo lo que diariamente hace y hacen sus hijos, sus nietos, su familia a través de Internet. Y no se olvide de su celular, que es parte del sistema.

Ante la enormidad de la desinformación sobre Internet me pregunté: ¿Y quién tendrá el Master Swift"? Es decir la llave para prender o apagar el corazón de la red de redes. No es una pregunta filosófica, ni tampoco tecnológica, es un interrogante sobre la marcha de la humanidad, su dependencia, sus enormes peligros.

De Internet y del billón cuatrocientos mil millones de sensores que se han instalado solo en los países del norte (Estados Unidos y Canadá, la Unión Europea, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur) en los últimos 3 años y que constituyen lo que se llama la Infoesfera es que estamos hablando.

Esos sensores están instalados en los edificios privados y públicos, en centros de estudio, en los vehículos, en los televisores y aparatos electrónicos, en todas las redes de telefonía celular y en los propios celulares y forman una gigantesca red de captación de datos que crece en forma exponencial. En nuestros países del sur también la estamos instalando. Es lo que se llaman comúnmente las Smart Cities, los televisores Smart, los vehículos Smart.

En realidad leyendo un poco más, a uno le viene la duda de quienes son los inteligentes. No creo que seamos nosotros, los incautos usuarios de esa red que todo lo ve, todo lo capta y todo lo transforma en ganancia y en inteligencia, los inteligentes son sus dueños de los datos y de los soportes de la red.

Y otra pregunta me amargó el día: ¿cuánto nos falta para que de manera compulsiva, seguramente con el argumento de la "seguridad", nos coloquen un chip debajo de la piel, diminuto, invisible, pero que se conecte a la Infoesfera, es decir a los billones de sensores "Smart" y a los gigantescos servidores?

Hoy ya existe la tecnología necesaria para hacer esos implantes. En Uruguay los queríamos utilizar con los perros vagabundos. ¿Lo recuerdan? Y a otro nivel, lo utilizamos con la trazabilidad de más de doce millones de vacunos. Dentro de poco, los "perros vagabundos" controlados por chips seremos nosotros y ni siquiera nos preguntaremos nada, será un paso más del "avance de la tecnología".

De la domótica, es decir el control de todo lo doméstico mediante chips y computadoras, pasaremos a lo humanótico. Un pasito más.

¿Quién controla en la actualidad esa enorme base de datos que se ha ido transformando en la mayor fuerza de ventas, de negocios, de programación económica, financiera, informativa y cultural del planeta? ¿Y qué decimos de la política?

Toda la cultura, me refiero a la que con solemnidad muchos llaman "liberal" se basa en un concepto, o mejor dicho, en dos conceptos que conviven y están en permanente tensión, lo privado, tanto en lo que refiere a la propiedad, la individualidad, la privacidad y por otro lado lo público, lo que concierne al Estado. Este nuevo mundo que se nos viene arriba disfrazado de "inteligente" y tecnológicamente neutro, borra esas diferencias. Como ya están profundamente entreveradas y borradas en Internet.

Me volví a sentir un producto, una mercancía expuesta en la enorme red, pero que valía no por mis capacidades, mi carácter de ser humano único e irrepetible, con mis sensibilidades, debilidades, defectos y posibilidades, sino como un dador de información, uno más entre miles de millones.

¿Y los derechos humanos, la identidad de cada uno de nosotros y la libertad, donde quedarán? ¿Dónde están quedando?

Por Esteban Valenti

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Esteban Valenti

Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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