Rumiando la vida

"Cuánto para aprender de estos ángeles": emotiva historia del "Gordo" Verde

En el mes de la concientización, Juan Andrés "El Gordo" Verde comparte una emotiva historia sobre el síndrome de Down que lo marcó en un casamiento.
25.10.2017 14:08

¡ME DIO VUELTA COMO UNA MEDIA! Estábamos en pleno casorio cuando llegó el momento de "las peticiones". Un amigo de los novios que nació con Síndrome de Down, fue elegido para ser el primero en leer. Pasó al frente y cuando se dio vuelta, se percató de que la iglesia estaba llena. Su rostro no escondía nada: se mostró tan sorprendido como impactado y naturalmente (frente a tanto público) se puso nervioso, como cualquier otro joven en su lugar. Esto hizo que se trancara un poco en la lectura. Con la ayuda de un monaguillo, logró redondear esa linda oración. Pero al terminar, inevitablemente no pudo esconder su rostro de "decepción y desilusión" para consigo mismo, por no haber logrado leer como lo había ensayado antes. Sin dudas, los nervios le habían jugado una mala pasada.

La cuestión fue cuando retornaba a su lugar. Venía suspirando, notoriamente bajoneado. Hasta que se le acercó Magda: una preciosa niña de 10 años (que también posee el Síndrome de Down). Ella lo había estado observando con mucho detenimiento y particular asombro mientras el joven "hablaba frente a tanta gente". En ese cruce (justo delante mío) Magda le dijo con un fuerte susurro al borde del grito: "¡Qué bueno! ¡Estuviste genial!" Pero le metió tanto cariño que por un momento parecía una "fan" que le hablaba a "su ídolo". El joven con tono dudoso (sin conocerla) le preguntó: "¿Te parece?" ...a lo que la niña remató: "Sí... ¡Estuviste re bueno!" (Con una gran sonrisa).

Estas palabras hicieron que el chico inmediatamente levantara su mirada, inflara el pecho y continuara caminando a su lugar... pero ahora, se lo veía "orgulloso" de lo que había hecho.

¡Que increíble! Cómo una niña "tan pequeña" generó en este chico, lo que quizás tantos especialistas "se desviven por lograr" y no siempre lo logran. (Sin desmerecer el trabajo de nadie). Simplemente que estoy convencido de que muchas veces, el lenguaje de "lo sencillo", ese que viene cargado de auténtico cariño, es capaz de transformar hasta el corazón más lastimado o endurecido. Y ese lenguaje se aprende en la primera escuela: la familia.

Magda es la menor de 9 hermanos. No dudo de que su "soltura, alegría y espontaneidad" sean fruto del inmenso cariño que día a día recibe en su casa. Por lo pronto, Magda no se lo guarda: lo comparte con otros. Sin quererlo, ella nos regaló 2 lindas claves: la sencillez y la espontaneidad. Por un lado, una sencillez que acompaña más y cuestiona menos. Por otro, una espontaneidad que "desborda" en los demás, ese amor que ha recibido. ¡Cuánto para aprender de estos ángeles!

ESCRIBE

Juan Andrés ''Gordo'' Verde

Ex rugbista -llegó a jugar en Los Teros juveniles-, autor del libro "Entre amigos" y conferencista, que hoy es Diácono (in transit) de la Iglesia Católica. Activo en las redes sociales, en sus mensajes suele reflexionar sobre los valores y las pequeñas grandes cosas de la vida cotidiana.

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