Tecnología

Que venga el choclo

Investigadores producen nanocristales de celulosa a partir de residuos de maíz

Son livianos y flexibles, pero se ha demostrado que pueden alcanzar una resistencia mayor a la del acero.
13.02.2018 14:21
2018-02-13T14:21:00

Un grupo de investigadores ha conseguido producir nanocristales de celulosa utilizando residuos de maíz, uno de los mayores desechos agrícolas del mundo, según un estudio que publica la revista Industrial Crops and Products.

Los nanocristales de celulosa fueron descubiertos hace unos años y para parte de la comunidad científica podrían ser el nuevo material de construcción del futuro.

Se tratan de diminutos cristales de celulosa, la biomolécula orgánica más abundante en la biomasa terrestre que, a pesar de su peso ligero y su flexibilidad, se ha demostrado que tienen una resistencia incluso superior a la del mismo acero.

Por esta razón, podrían utilizarse para una gran cantidad de aplicaciones como refuerzo y endurecimiento en materiales de construcción, mecánica y biomedicina.

Los investigadores procedentes de España, Estados Unidos y Francia, han logrado ahora producir ese revolucionario material a partir de hojas de maíz, según un comunicado de la española Universidad de Córdoba

Los residuos que genera el maíz se suelen tirar o quemar en la mayoría de los casos y ahora podrían tener una nueva salida más que provechosa.

La investigadora Araceli García, de la Universidad de Córdoba indicó que los nanocristales de celulosa "se suelen fabricar a partir madera, pero la madera no está disponible en todo el mundo", mientras que las hojas de maíz "son una materia prima más barata, menos contaminante, más sostenible y sin aplicaciones en alimentación".

Según desvela la investigación, la celulosa extraída de las hojas de maíz tiene una estructura "larga y fibrosa y con un diámetro muy pequeño", por lo que confiere a los nanocristales de celulosa lo que en la literatura científica se conoce como "una alta relación de aspecto".

El verdadero potencial de los nanocristales reside en su resistencia a la tracción o, lo que es lo mismo, en su capacidad para ser estirados, de tal forma que cuanto más largas sean las fibras, mayor refuerzo darán a los materiales "y menor cantidad se necesitarán, por lo que los costes de producción serán más baratos".

De esta manera, de un residuo que "a priori" tiene poco uso se ha conseguido obtener un material de gran calidad y que tiene unas aplicaciones de alto valor añadido.

EFE